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¿Y después? El duelo de la persona cuidadora

Actualizado: 5 abr

El duelo es un proceso de adaptación que se produce después de una pérdida. En general, lo hemos asociado al fallecimiento de un ser querido, pero se puede producir también cuando perdemos algo que para nosotros era muy importante; si terminamos una relación, nos quedamos sin trabajo, o se producen cambios en nuestra situación vital que valoramos como un empeoramiento…


En el caso de las personas cuidadoras, el duelo comienza en ocasiones cuando asumen el compromiso de cuidado.

A menudo, la relación que se tenía con la persona cuidada cambia, algo que se pone de manifiesto especialmente en los casos de demencia. Estos cambios pueden resultar frustrantes para la persona que cuida.

Además, los planes que la persona cuidadora había hecho para su vida, pueden verse alterados por la aparición de la enfermedad y/o dependencia de su familiar. Normalmente, el hecho de ofrecer cuidados conlleva una disminución de tiempo de ocio y desarrollo personal que puede ser vivido también como una pérdida.

Finalmente, se añade la pérdida de la persona dependiente, con la que se tenía una estrecha relación, produciéndose una sensación de vacío, que puede ser vivido por algunas personas como una falta de sentido de su vida y también falta de aspectos relacionados con el cuidado, las rutinas y el espacio físico que compartían con la otra persona. El sentimiento de soledad es también algo frecuente.

Además, la persona pierde el “rol de cuidadora”, perdiendo también el reconocimiento y “poder” dentro del núcleo familiar que tenía por estar realizando estas tareas.

Relacionado con todo lo anterior, se produce también una pérdida del control del tiempo ya que la estructura y rutina que tenía en base al cuidado de su familiar desaparece.

No obstante, los procesos de duelo son todos diferentes, cada persona lo vive de una manera, y no se debe comparar con el de otras personas en una situación similar.

A pesar de estas diferencias, existen algunas pautas generales que pueden ayudar a llevar mejor el duelo:


  • Ser capaz de reconocer nuestros límites y pedir ayuda puede ser clave para poder salir adelante, recordemos que somos seres sociales y necesitamos a los demás.

  • Compartir nuestro dolor, sentirnos escuchados y comprendidos es una forma de reducir el malestar

  • Darnos tiempo para adaptarnos a la nueva situación, entender que es un proceso y que habrá altibajos.

  • Cuidarnos: hacer ejercicio físico, cuidar nuestra alimentación y establecer unas nuevas rutinas saludables va a facilitar el proceso.

  • Implicarnos en alguna actividad productiva, retomar el trabajo si lo habíamos tenido que dejar, formarnos en algún área de interés o realizar algún voluntariado.

  • Mantener relaciones con amistades, familiares, vecinos o crear nuevos lazos va a ser vital para sentirnos mejor.


Para finalizar, os dejamos una canción de Rozalén que pensamos que recoge el sentimiento de vacío que se experimenta tras la pérdida de un ser querido, pero que a la vez refleja el amor y la huella que esta persona ha dejado en nosotros.








 

 

 

 

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