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Claves para dejar a un lado las preocupaciones

¿Por qué nos preocupamos?

La preocupación es el miedo a que algo vaya mal y, aunque nos digamos (o nos digan) “deja de preocuparte, no sirve de nada”, hay algo en ellas que las hace permanecer. Sabemos que en muchas ocasiones las preocupaciones se convierten en sufrimiento y nuestra mente se queda atrapada en ellas. Por eso, en estas líneas, vamos a tratar de dar algo de luz a través de estrategias que nos ayudarán a hacerles frente y gestionarlas mejor.


Ante “lo que no tiene importancia”:

1. Pregúntate: ¿Qué pasará con este asunto dentro de 5 años? ¿Seguirá siendo un problema dentro de una semana, un mes, un año?

Esta es una forma de tomar perspectiva y valorar tu preocupación a largo plazo.


2. Trata de ver tus preocupaciones de distinta forma: ¿Dónde estaría esta preocupación dentro de una escala de malas experiencias? Piensa en una experiencia muy mala que hayas tenido, ¿Dónde situarías tu preocupación actual en comparación con esa?


Ante lo improbable:

Muchas de las preocupaciones surgen al plantearnos: “¿Qué pasaría si...?”, pensando en toda clase de cosas terribles que podrían ocurrir (y que finalmente no ocurren). Si te preocupas por cosas improbables, nunca pondrás fin a las preocupaciones. No dediques energía en problemas que no existen (ni existirán).


Ante lo incierto:

Muchas veces desconocemos cómo saldrá algo y solo podemos actuar una vez sepamos lo que ha ocurrido. Si la preocupación nos inmoviliza en lugar de ayudarnos a buscar soluciones ante distintos resultados, no la estamos gestionando bien. La preocupación previa al resultado, no va a hacer que éste sea el esperado.



Ante lo incontrolable:

Preocuparnos por aquello que se escapa de nuestro control no va a hacer que deje de estar o suceder. Sera así por más que te preocupes. En estos casos, enfócate en lo que está en tu mano.


Ante las preocupaciones más persistentes:

1. Atájalas lo antes posible:

-Toma conciencia de lo que te pasa y anota tu preocupación lo antes posible (en ese momento en el que el pensamiento catastrófico aparece).

-Utiliza en este momento la relajación y cuestiona las ideas que acompañan a esa preocupación. Pregúntate: ¿es posible que ocurra de verdad lo que estoy temiendo?


2. Decide si puedes hacer algo al respecto:

-Pregúntate: “¿Hay algo que yo pueda hacer al respecto?”

-Si la respuesta es no, no importa cuánto te preocupes, nada va a cambiar.

-Si la respuesta es sí, piensa en lo que puedes hacer y actúa.


3. Actúa


-Escribe una lista de cosas que podrías hacer para resolver tu preocupación.

-Mira tu lista y pregúntate: “¿Hay algo que podría hacer ahora?”




-Si hay algo que puedes hacer ahora mismo, hazlo.

-Si no hay nada que puedas hacer ahora mismo, haz un plan de cuándo, dónde y cómo vas a afrontar el problema.

-Cuando hayas hecho lo que puedes hacer, piensa: “ya he hecho lo podía hacer ”y continúa con tu día.


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