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Demencia, ¿cómo mejorar la comunicación?

A medida que avanza la enfermedad, puede observarse como se van modificando tanto la expresión como la comprensión del lenguaje, por lo que tanto la persona como su entorno, deben adoptar nuevos modos de interactuar. Se trata de conseguir poder comunicarnos de forma sencilla, lograr que sea capaz de expresarse cuando aún pueda hacerlo, y cuando ya no sea así, aprovechar otros modos de comunicación existentes, como el lenguaje no verbal. La utilización de una comunicación adecuada puede darle a nuestro familiar seguridad, confianza y apoyo en cada una de las etapas de la enfermedad, así como disminuir la ansiedad, la aparición de reacciones catastróficas y otros problemas de comportamiento.


Para contribuir a estos objetivos, a continuación, indicamos una serie de pequeñas indicaciones y consejos, muy sencillos, que pueden facilitar la comunicación con una persona con demencia. Las características personales, la fase de la enfermedad en la que se encuentre, la ausencia o no de déficits sensoriales, son variables a tener siempre en cuenta...

 

Acercarse a la persona de frente y lentamente, con el fin de que nos vea, y tenga tiempo para reconocernos; de otro modo podría sentirse amenazada o asustada y reaccionar de forma agresiva. Para hablar con la persona, siempre nos situaremos a su altura de forma que le podamos mirar a los ojos y utilizar el lenguaje no verbal de nuestras expresiones faciales para proporcionarle seguridad y afecto.


 — Utilizar un lenguaje sencillo. Es recomendable utilizar palabras conocidas por la persona enferma y mantener un lenguaje repetitivo, es decir, utilizar siempre las mismas palabras para designar el mismo elemento, se trata de mantener su capacidad de expresión, aunque el vocabulario sea más limitado


 — Emplear frases cortas, claras y sencillas, que faciliten su comprensión y eviten que puedan olvidarse por su longitud


 — Hablar despacio y claramente.  Debemos adaptarnos a su ritmo y no proporcionar más información de la que pueden asimilar.


Usar un tono de voz bajo. Un tono de voz bajo proporcionará sensación de calma y permitirá que la persona ponga su atención en los que estamos diciendo. Un volumen elevado, puede generar incomodidad y la sensación de que estamos enfadados con la persona.


Eliminar ruidos de fondo. Cualquier ruido puede distraer a la persona y dificultar que escuche y/o entienda lo que le decimos.


Utilizar preguntas sencillas. Debemos plantearla de forma que requiera una respuesta sencilla: sí/no o con un número muy limitado de opciones para que elija. Hay que evitar preguntas abiertas, que requieren un proceso de pensamiento abstracto y una organización del lenguaje muy elaborada.


 — Repetir la misma información o pregunta con las mismas palabras y de la misma forma. De esta manera, con muchísima paciencia, se repetirán las cosas tantas veces como sea necesario para que la persona nos entienda.


Motivar a la persona para que se exprese y ayudarla a hacerlo. Es de vital importancia incentivar a la persona para que se comunique, por lo que debemos prestar atención tanto al lenguaje verbal como al no verbal, que en muchos casos será más relevante. Debemos mostrar interés en lo que está diciendo o sintiendo, y si no le entendemos es conveniente hacérselo saber y animarle a que trate de comunicarse también con gestos.


No hablar por la persona enferma.  Debemos tratar por todos los medios de evocar las palabras en su mente, ya sea recurriendo a fotos, objetos, etc., para ir poco a poco construyendo la frase que nos quiere decir y así retrasar la pérdida del lenguaje.


No hablar de nuestro familiar como si no estuviera presente. Es algo muy común a pesar de ser un grandísimo error.  Puede que no comprenda lo que se está diciendo, pero es casi seguro que percibirá que se está hablando de su persona, lo que provocará su frustración, vulnerabilidad y desconfianza.


Tratar en todo momento a la persona enferma con dignidad y respeto, y siempre como un adulto. No debemos nunca infantilizar al enfermo, comparándolo con un niño y tratándole de forma autoritaria. Es una persona adulta, que ha vivido su vida y que probablemente ha tenido que superar numerosos problemas y dificultades a lo largo de los años, por ello debe tener todo nuestro respeto, y a pesar de que ahora se muestre más vulnerable y necesite muchos cuidados debemos garantizar siempre la dignidad de la persona por encima de cualquier cosa.


 — Ignorar alucinaciones o delirios inofensivos. Es recomendable no dar importancia a las alucinaciones o delirios que presenta el enfermo, cuando éstos no sean potencialmente peligrosos. Lo mejor en estos casos es evitar negarlos, y con posterioridad tratar de desviar su atención hacia otra idea o actividad.


 — Recurrir a la comunicación no verbal.

 

 


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