¿Cómo se debe actuar ante una alteración de conducta de una persona mayor?
- Delfo S.L.
- hace 3 días
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El envejecimiento es un proceso natural que conlleva una serie de cambios físicos, cognitivos, emocionales y sociales.
Las alteraciones de conducta en personas mayores pueden tener múltiples causas. En muchos casos, se asocian a enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, otros tipos de demencia, o enfermedades psiquiátricas como la depresión y la ansiedad. También pueden surgir por factores externos como cambios en el entorno, rutinas no estructuradas, hospitalizaciones, malestar físico no comunicado (dolor, infecciones, estreñimiento) o la pérdida de autonomía.
Las alteraciones de conducta pueden manifestarse de múltiples formas: agitación, agresividad, ansiedad, desorientación, aislamiento, insomnio, entre otros.
Es fundamental entender que, en la mayoría de los casos, estas conductas no son voluntarias ni intencionadas. Son la manifestación de una necesidad no cubierta o de un malestar que la persona no puede expresar de manera convencional. Por ello, el primer paso para actuar correctamente es comprender el origen del comportamiento antes de reaccionar ante él.
A continuación, compartimos algunas pautas de actuación:
Mantener la calma
Es esencial que la persona cuidadora o profesional mantenga una actitud serena. Una reacción impulsiva, como levantar la voz, discutir o intentar controlar por la fuerza, solo puede empeorar la situación. Transmitir tranquilidad puede ayudar a la persona mayor a reducir su nivel de ansiedad o agitación.
Actuar con serenidad reduce el nivel de tensión del entorno:
"Estoy contigo, todo está bien."
"No pasa nada, vamos a hacerlo juntos."
"Vamos a tomarnos un momento para respirar tranquilos."
Asegurar la seguridad
Ante cualquier alteración de conducta, se debe evaluar si hay riesgo para la integridad física de la persona mayor o de otros. Si la conducta pone en peligro a alguien, se deben tomar medidas preventivas (como retirar objetos peligrosos o separar al individuo del grupo), siempre con respeto y sin recurrir a la violencia o al aislamiento prolongado.
Cuando hay riesgo, hay que intervenir de forma cuidadosa y sin generar más angustia:
"Te acompaño, estamos en un lugar seguro."
"Voy a mover esto para que estemos más cómodos."
"Estoy aquí para ayudarte, no tienes que preocuparte."

Escuchar y observar
A veces, detrás de una alteración de conducta hay una necesidad concreta: hambre, dolor, miedo, ganas de ir al baño, o simplemente la necesidad de ser escuchado. Observar el lenguaje corporal, el tono de voz y las circunstancias del entorno puede dar pistas sobre el origen del malestar.
El lenguaje no verbal puede decir mucho. La observación ayuda a interpretar necesidades no expresadas:
"Veo que estás molesto… ¿quieres contarme qué pasa?"
"¿Te duele algo? Dime cómo te sientes."
"Estoy escuchándote, puedes hablar conmigo cuando quieras."
Hablar con claridad y empatía
Utilizar un tono de voz pausado, palabras simples y un lenguaje corporal tranquilo es clave. Evitar confrontaciones y validar los sentimientos de la persona mayor, aunque no se compartan. Frases como "entiendo que te sientas así" o "estoy aquí para ayudarte" pueden marcar una gran diferencia.
Usar un lenguaje sencillo, sin infantilizar ni usar un tono autoritario:
"Sé que esto puede ser confuso, pero estoy aquí contigo."
"Te entiendo. A veces yo también me siento así."
"Gracias por confiar en mí. Vamos a hacerlo juntos."
Redirigir la atención
En casos de agitación o confusión, puede ser útil desviar la atención de la persona hacia una actividad o tema que le resulte familiar y reconfortante, como una canción, una conversación sobre el pasado o una tarea sencilla.
Ayuda a disminuir la agitación y el foco en pensamientos negativos:
"¿Recuerdas aquella canción que te gustaba?"
"Vamos a dar un paseo, el aire fresco nos sentará bien."
"¿Te apetece ayudarme con esto? Esto se te da muy bien."
Aplicar rutinas estructuradas
Las personas mayores con alteraciones de conducta suelen beneficiarse de rutinas predecibles. Los cambios bruscos en horarios, espacios o cuidadores pueden generar desorientación. Mantener horarios estables para las comidas, el descanso y las actividades puede prevenir muchos episodios.
Las rutinas aportan seguridad y previsibilidad:
"Como cada mañana, vamos a vestirnos con calma y luego desayunamos juntos."
"Hoy es martes, así que después de comer, tenemos nuestra actividad favorita."
"Vamos poco a poco, como siempre lo hacemos. Ya sabes cómo va."
Frases para después del episodio:
Una vez que la alteración ha pasado, es importante no juzgar, reforzar lo positivo y fomentar el vínculo.
"Has hecho un gran esfuerzo, gracias por confiar en mí."
"Me alegra verte más tranquilo ahora."
"Estoy orgulloso de ti. Lo has hecho muy bien."
Estas frases pueden ser adaptadas según la personalidad, el grado de deterioro cognitivo y el historial personal de la persona mayor. Lo importante es que el lenguaje sea respetuoso, humano, comprensivo y no infantilizante.








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